El deporte, uno más en el aula

octubre 08, 2016 | Publicado por: Paula Pérez Aranda



La  hora de educación física suele ser para los más ansiosos por salir del aula la mejor parte del día; para otros menos deportistas, por el contrario, es el momento más odiado y del que intentar huir a través de excusas como el siempre recurrente "dolor de barriga". Sin embargo, guste más o guste menos al alumnado, el deporte lleva años instaurado en las aulas de colegios e institutos como una asignatura más que superar, y su presencia no es caprichosa.

Impartir clases de educación física en los centros docentes asegura que los estudiantes practiquen deporte al menos durante esas horas y se mejore así su salud al poner en funcionamiento los órganos y sistemas del cuerpo, evitando el sedentarismo y los problemas de sobrepeso. Esto no solo repercute en la salud física sino también en la mental, pues proporciona un buen estado de ánimo, sube la autoestima y ayuda a la relajación del niño, algo especialmente útil para aquellos a los que les cuesta pillar el sueño. No obstante, es necesario ver el deporte no solo como una práctica que les aporta numerosos beneficios para la salud y les ofrece momentos de ocio, sino que también hay que reparar en su vertiente educativa, pilar necesario para la formación global de las personas.
Gracias al deporte que se practica en los centros es posible el desarrollo no solo físico sino también social y personal de los niños y adolescentes a los que se enseña a trabajar en equipo para formar su lado más colaborador y menos individualista, se les inculcan valores como el respeto a los compañeros o se les muestra la necesidad de practicarlo bajo la filosofía del juego limpio, algo básico para respetar las reglas de la propia actividad deportiva pero también las normas que se encontrarán en su ámbito cotidiano. Asimismo, se les anima a asumir responsabilidades. Es, por tanto, un elemento fundamental para saber responder a las diferentes situaciones que se les presenten a lo largo de toda su vida más allá del espacio académico.
Aún queda un largo camino por recorrer para terminar de forjar ese vínculo entre las aulas y la actividad física, pues aunque el deporte va ganando cada vez más peso en los planes educativos y todos los países europeos reconocen la importancia de la función de la educación física en la escuela, ya que esta figura en los marcos curriculares establecidos a nivel central y, además, tiene carácter obligatorio en educación primaria y secundaria en toda Europa, la Comisión Europea apunta en su informe "La educación física y el deporte en los centros escolaresde Europa" que el número de horas dedicado en los diferentes países del continente a dicha materia es aún bajo en comparación al resto. 

Afortunadamente este vacío se rellena un poco gracias al importante papel que juega la práctica de actividades extraescolares, como nadar, correr o montar en bicicleta o participar en juegos organizados. Muchas de ellas, pese a que se practican en un horario diferente al escolar, pueden estar impulsadas por los propios centros docentes o, al menos, apoyadas por los mismos al ceder los espacios e instalaciones deportivas.

Por otro lado, cabe señalar que los profesores de estas materias deben velar no solo por el aprendizaje y desarrollo anteriormente citado de los niños y niñas sino que también debe asegurar que las actividades planteadas sigan un canon de igualdad e inclusión para que todos los estudiantes puedan participar de igual manera sin sentir discriminación por sus limitaciones físicas, psíquicas, sociales, raciales o de género, ya que de no ser así, puede resultar contraproducente para la formación personal de los menores. 

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