Siracusa Bravo: "La poesía es un arma cargada de presente"

febrero 02, 2017 | Publicado por: Unknown

Según el Diccionario de la lengua española, el término poesía tiene siete acepciones y  la mayoría de ellas se refieren al poema lírico en verso. Pero entre todas ellas hay una realmente especial. Para la poeta sevillana Siracusa Bravo Guerrero, la sexta de las definiciones es la más abstracta y, por ende, la que más se parece a esa parte de la poesía que ella interpreta, desde su experiencia, como “una forma de vida”.  Este significado amplifica así al del género lírico, que depende del interés y de los gustos personales, y permite encontrar en ese arte un ámbito más íntimo pero abarcable.
     
Ese ideal de la poesía es el que Siracusa opina que “debería empezar a trabajarse desde que la persona nace” y lo hace rememorando cómo sus padres siempre le leían cuentos y le cantaban canciones. Además, reconoce entre sonrisas que su madre “siempre ha sido muy refranera” y que asistía a una escuela bastante particular “todos los viernes nos llevaban a la biblioteca, teníamos el club de los poetas pitufos”, señala la sevillana. Lo cierto es que esto último es un ejemplo de las medidas que son posibles llevar a cabo en los colegios para fomentar la parte abstracta de la poesía, que trae consigo múltiples beneficios como la estimulación de la imaginación o la transmisión de valores tales como la tolerancia. “La poesía me ayudó en muchísimas cosas: a desarrollar mi creatividad, a tener más vocabulario, a conocer gente, a expresarme mejor de forma oral, a perder la timidez ante un público…”, reconoce la poeta refiriéndose a su infancia. Y, sobre todo, “a ver la grandeza de la vida y a apreciar los pequeños detalles”
         
Pero ¿cómo enseñar poesía? “Escuchando”, esa es la clave para Bravo Guerrero. “Es importante preguntar por la interpretación de cada alumno, hacer debates, escucharlos”, apunta desde su experiencia trabajando con niños en proyectos como el campamento de verano del Centro Andaluz de las Letras. Además, está parte abstracta puede trabajarse de forma intrínseca con la formal "lírica" de la poesía. Esta opinión se contrapone a la situación actual de la poesía en los institutos españoles, en los que “no piden a los alumnos que se presentan a los exámenes que piensen, sino que recuerden de memoria las hipótesis que otros han creado”. “Se debería pretender que ellos, con las herramientas y las técnicas que tú les has enseñado, creen sus propias hipótesis e interpretaciones y que lo argumenten”, señala Siracusa no sin mencionar que la suya es tan solo una opinión entre otras.

Por otro lado, la infancia es probablemente una de las mejores etapas para introducir la poesía en las vidas de las personas pues los niños parecen estar más receptivos a ella. Para los pequeños, es más fácil crear sin los límites que impone esta sociedad y también entender que un solo poema puede suscitar múltiples interpretaciones, tolerando así los demás juicios. “En mi opinión y por mi experiencia, en talleres para adultos ellos desean que tú les enseñes cómo tienen qué escribir y de qué tienen que escribir” mientras que “los niños sí tienen su propio criterio, solo hay que sacárselo”, compara la poeta sevillana. Esto sucede quizás por el modo en el que nuestra sociedad contribuye a aniquilar la potencialidad creadora conforme vas creciendo, preocupados por diversos asuntos que les hacen ser más cerrados de mente. Pero, por supuesto, “la poesía las puede abrir”.

 "La poesía es un arma cargada de futuro" diría Gabriel Celaya pero ante esta célebre frase añade también Siracusa que "la poesía es un arma cargada de presente" ya que "la poesía está y es". Lo cierto es que nos encontramos en un momento histórico idóneo para tratar de fomentarla, debido a que se ha puesto de moda como género literario recitándose en bares y celebrándose certámenes por doquier. Esto, junto con la increíble herramienta que ofrece Internet, ha supuesto que esa acepción abstracta antes nombrada se vuelva cada vez más importante. “La poesía se va a volver a hacer del pueblo”, concluye Siracusa, pero para eso, “hay que leer, hay que aprender a ver”.

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