La didáctica del cine

enero 21, 2017 | Publicado por: Paula Pérez Aranda

Aunque más vinculado al ocio, a la fama y a las grandes estrellas de Hollywood, el cine −séptima de las arte desde tiempos de Ricciotto Canudo−, va mucho más allá de esta superficie. En el terreno de la educación, su carácter interdisciplinario lo convierte en una útil herramienta de la que los docentes pueden servirse en sus clases. Es, de este modo, un recurso valioso para el desarrollo del intelecto.
En una sociedad marcada por la recepción constante de interacciones cargadas de imagen y sonido parece absurdo pensar que los jóvenes puedan ser analfabetos del mundo audiovisual. En ese sentido, Jesús Jiménez Segura, profesor  titular de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, resalta que "puede ser muy importante enseñarlos a manejar adecuadamente todo ese torrente de estímulos audiovisuales que les llegan desde el primer año de sus vidas a través de la televisión, Internet, videojuegos, etc.". En todo caso, Jiménez Segura señala que "el estudio y aprendizaje del lenguaje cinematográfico puede ayudar al niño, y al futuro adulto, a estar menos indefenso, a ser menos ingenuo, ante los mensajes persuasivos transmitidos mediante la retórica audiovisual".
En algunas obras acerca del cine en su faceta más educacional como Cine y educación: El cine en la aula de primaria y secundaria, de los profesores Alba Ambròs Pallarès y Ramon Breu, el cine se considera como la piedra Rosseta necesaria para "analizar e interpretar hábitos, conflictos, aspiraciones, luchas sociales, fenómenos culturales, comportamientos y actitudes colectivas". Gracias al cine, es posible mostrar aspectos de la realidad difícilmente perceptibles y, tal como expresa Jiménez Segura, ver con una perspectiva más general y completa aquello de lo que solamente tenemos una visión parcial y sesgada. Para el profesor de la Hispalense, se trata de un preciado instrumento para hacer más próximo lo lejano pues "ver y oír en una pantalla realidades culturales diferentes aumenta el conocimiento sobre el mundo en general y contribuye a la eliminación de prejuicios y estereotipos".
El profesor J. Ignacio Aguaded Gómez en la revista Comunicar también pone de manifiesto el fuerte carácter educativo que los medios de comunicación tienen en sí mismos. Este los describe como "objetos de estudio, recursos didácticos y técnicas e instrumentos de producción que se ponen al servicio de la educación de ciudadanos que aprenden y descubren su sociedad y se desarrollan de forma autónoma". Es por ello que la proyección de películas o de fragmentos de las mismas durante las horas lectivas no solo es habitual sino que supone una manera accesible para llevarles el conocimiento y la información que precisan  en su aprendizaje.
No obstante,  para que la información sea verdaderamente provechosa para los alumnos no basta con la compilación de datos sino que esta debe contar con una estructura ordenada en la que lo transmitido adquiera un determinado significado. Así lo cree Jesús Jiménez Segura que, por otro lado, lamenta la falta de estructura en los informativos audiovisuales "donde la organización clara de conceptos es sustituida habitualmente por la pura apelación a la espectacularidad". 
Para muchos profesores, la necesidad de incluir en sus clases otras tácticas para evitar la ausencia o la actitud pasiva de los alumnos a las aulas les ha hecho reparar en el rol que puede desempeñar el carácter lúdico del cine. Los alumnos, reciben así la información que las películas les ofrecen en un ambiente distendido sin ser conscientes de la enseñanza que durante el visionado de los filmes están recibiendo y se enfrentan a las clases con un ánimo distinto.
No obstante, los docentes deben ser meticulosos en el uso de las proyecciones cinematográficas. Según el profesor Jiménez Segura, para aprender a ser espectadores críticos vale cualquier tipo de cine, pero no se trata de proyectar ejemplos arquetípicos de cine clásico como modelo a seguir, sino de de desentrañar la forma en que se han utilizado técnicas e instrumentos para transmitir los contenidos.
Por otra parte, las largas clases teóricas que se reproducen durante semanas y meses no siempre son capaces de despertar ciertos elementos como la creatividad y la visión crítica del mundo que, en cambio, el cine puede sacar a relucir si el profesor sabe explotar la situación. Como explica Jiménez Segura, poner una cámara en manos de los niños puede permitirles aprender a escribir mediante imágenes y sonidos y trascender de la experiencia pasiva de espectadores.
Asimismo, este justifica cómo el cine puede funcionar como herramienta educativa en otros ámbitos como, por ejemplo, el científico, ya que permite que el alumno se introduzca en el interior de una colmena de abejas o que vea mundos microscópicos. También, en palabras de Jesús Jiménez Segura, en la educación emocional el cine es extremadamente eficaz en la movilización emocional mediante procesos de proyección e identificación, por lo que pueden ser instrumentos muy adecuados para trabajar sentimientos y emociones allí donde la interacción directa entre profesores y alumnos no puede llegar.




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