Machismo en las aulas: un presente evitable

noviembre 05, 2016 | Publicado por: Paula Pérez Aranda



La  violencia machista es uno de esos casos de violencia de los que a menudo y por desgracia se oye hablar en los medios de comunicación, siempre mostrando su lado más duro: el de asesinatos de decenas de mujeres que mueren a manos de sus parejas o excompañeros; pero esta va mucho más allá. Si se profundiza sobre todo lo que concierne a este grave problema, esa es solo la dolorosa punta de un iceberg que esconde bajo las aguas toda una cotidianidad sometida a una cultura machista y su rastro también se impregna en el universo de los menores.

Tanto es así que está presente ya desde edades muy tempranas y las aulas de los centros educativos son escenario de numerosos comportamientos de desigualdad entre niños y niñas. Por ello, no es de extrañar lo indicado hace apenas dos años por el estudio Andalucía Detecta, elaborado por el Instituto Andaluz de la Mujer (IAM), y el Informe Social de la Juventud en Andalucía, realizado por el Instituto Andaluz de la Juventud (IAJ), el Centro de Estudios Andaluces y la Consejería de Educación. En ellos se prueba que un 24 por ciento de los jóvenes andaluces consideran que el lugar de una mujer está en su casa, con su familia, y el 10 por ciento creen que el hombre es el que debe tomar las decisiones "importantes" en la pareja. 
En esta misma línea se encuentra lo reflejado por la investigación ¿Fuerte como papá? ¿Sensible como mamá? Identidades de género en la adolescencia, que asegura que es común que en estas edades se etiquete a las mujeres de “trabajadoras”, “responsables”, “cuidadosas”, “pacientes”, “comprensivas”, “tolerantes”, “constantes”, “maduras” y se le identifique como personas más sentimentales y emocionales que los hombres, mientras que a estos se les vincula más con la simpleza y ausencia de complicación y les hace identificarse con el ser “leales”, “legales”, “honestos”. Asimismo, algunos chicos reconocen sentirse esclavos de los estereotipos en torno a la masculinidad (ser “fuerte”, “duro”, “frío”, “pasota”), aunque es un discurso más minoritario. Esto son solo algunos ejemplos de un gran conjunto de conductas y pensamientos habituales en los jóvenes, muchos de ellos imperceptibles para los ojos de la mayoría.

Según la ONU, y basándose en el estudio Education for All Global Monitoring Report (EFA GMR) de la UNESCO, "se estima que 246 millones de niñas y niños sufren violencia relacionada con el entorno escolar cada año y una de cada cuatro niñas afirma que nunca se ha sentido segura utilizando los aseos escolares (...) Además de las consecuencias adversas psicológicas y para la salud sexual y reproductiva que conlleva, la violencia de género relacionada con el entorno escolar es un impedimento de envergadura para lograr la escolarización universal y el derecho a la educación de las niñas".
Es por todo ello que los defensores de la igualdad entre hombres y mujeres abogan por introducir una serie de cambios en pos de mejorar las relaciones entre los niños y adolescentes en colegios e institutos que parten, primeramente, de reconocer el problema y localizar las conductas machistas. Estos podrían ser algunos ejemplos:
 Cuidar el lenguaje y los contenidos.
 Rechazar el sexismo, evitando clasificar colores o actividades en función del sexo.
 Fomentar la educación afectiva y sexual en todas las etapas educativas.
 Evitar las relaciones jerárquicas.
 Impulsar la cooperación entre niños y niñas a través de juegos, deportes o trabajos colectivos.
 Formar al profesorado así como a los padres y madres.
 Potenciar el pensamiento crítico y la reflexión del alumnado sobre temas de igualdad. 
Nadie dijo que fuera fácil, pero con esfuerzo y predisposición es posible hacer de este presente un futuro mejor y más igualitario para todas las niñas del mundo empezando desde la base: sus escuelas.

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