Tiempo en familia

junio 15, 2018 | Publicado por: Antonio Federero

No está siendo la primavera de este año muy espléndida que digamos, que con tanto frío, lluvia y borrasca se ha disfrazado de invierno y ha provocado muchos cambios de planes, obligando a las familias a dejar para más adelante aquello que tenían pensado hacer con el buen tiempo. Sin embargo, sobra decir que el verano que está a la vuelta de la esquina, y con él las vacaciones, sí permitirá salir y disfrutar de las muchas actividades que pueden hacer padres e hijos conjuntamente al aire libre. Eso sí, sin olvidar que el sol también puede hacer de las suyas y evitando exponerse al mismo en las horas centrales del día.

Por eso, la sombra es un bien deseado y, en este sentido, los parques ganan por goleada. La arboleda y el césped evitan en gran medida el calor, rebajando considerablemente la temperatura, y junto a fuentes, senderos, merenderos, baños públicos y espacios lúdicos, hacen de estos oasis urbanos los lugares ideales para pasar la jornada en familia. ¿Cómo? Ahí, desde luego, entran en juego las preferencias de cada uno. El deporte, cómo no, hace acto de presencia y un balón, unas raquetas, unos patines o una bicicleta pueden valer para pasar las horas. Pero siempre hay sitio para el recuerdo, y juegos clásicos como el del pañuelo (dos personas se colocan en distancia equidistante a una tercera, que sostiene un pañuelo en alto y que da la señal de salida a las otras dos, ganando la primera que agarre el pañuelo), carreras de cuchara con huevo (sosteniendo un huevo en una cuchara que sólo puede ser sujetado a su vez con la boca) o pollito inglés harán revivir tiempos pasados a los mayores y atraer la atención de los menores por la novedad que les supone. Por no hablar de los divertidos y refrescantes globos de agua e intentar pasarlos sin que se caigan...

Pero un parque es más, mucho más. Es naturaleza, y contemplar las múltiples especies vegetales (coleccionar hojas y clasificarlas por color, tamaño y forma) y animales (dar de comer pan a los peces y los patos es algo que chifla a los más pequeños) puede resultar tan entretenido como instructivo. Es tranquilidad, y un simple paseo o dejarse llevar por la lectura mientras se respira aire puro y se escucha el trino de los pájaros se antoja irresistible. Es cine, con proyecciones gratuitas para todas las edades; espectáculo, con teatros, marionetas o pasacalles donde menos lo esperes. E, incluso, es astrología: toalla al suelo, todos tumbados boca arriba y a distinguir constelaciones (la Osa Menor tiene forma de carro, por ejemplo). En definitiva, el parque es un entorno donde los niños se socializan, comparten, interactúan y aprenden.

Sin abandonar la calle, no todos los caminos conducen a un parque, sino también a un mercado. Por ejemplo, una buena oportunidad para que padres e hijos pasen el tiempo juntos es yendo de compras. Aunque parezca que no, los pequeños disfrutan en los supermercados, mercados de abastos o tiendas, con tantos productos, colores, formas y cosas por descubrir. Además, empiezan a tantear una tarea que, tarde o temprano, deberán hacer ellos también, y no son reacios a la hora de atender a explicaciones sobre frutas, hortalizas o pescados. 
Otros espacios, como bibliotecas, asociaciones, piscinas municipales, ludotecas o centros cívicos ofrecen múltiples posibilidades que, conviene avisar, varían de fechas y de horarios con la llegada del verano, así que hay que estar atentos. Lo que no cambia son la playa y el campo, que constituyen una cita casi obligada a visitar en el periodo estival. Bañarse, tomar el sol o bucear, todo con precaución, son actividades que siempre figuran en la agenda, no así pescar. La pesca, ya sea en mar o en río, puede convertirse en un pasatiempo magnífico para padres e hijos ya que el reparto de tareas, la paciencia y la habilidad se conjugan para un premio final que, quién sabe, puede acabar en la cazuela y a la plancha. Por cierto, hay muchas maneras de evitar pasar por caja fabricando cañas de pescar caseras que suponen el punto de partida para la jornada en familia.

Pero no todo se reduce a la calle, claro. ¿Quién dice que en casa no se pueden hacer cosas? Muchas, más de las que imaginamos. La cocina, por ejemplo, es un buen rincón para que padres e hijos pasen un buen rato. Postres, galletas, batidos, zumos o ensaladas suponen un trabajo en equipo cuyo resultado, literalmente, está para comérselo. 
Y jugar, que no falte, desde los míticos juegos de mesa como el parchís o la oca, hasta otros algo más imaginativos, y no hablamos de videoconsolas, sino de la habitual plastilina o unas pinzas.... ¿Pinzas? Exacto, esas piezas que sirven para colgar la ropa y que muchos niños son capaces de sacarle mil y una utilidades. Lo mismo ocurre con las tizas que, además de pintar, contribuyen a montar juegos y pruebas, como el inolvidable tejo. Sí, es verdad, no está bien manchar el suelo de casa, pero si se dispone de un patio interior o de una azotea, la opción es más que óptima, como también lo es ver una peli al caer la noche, bajo las estrellas, juegos con agua o acampar, es decir, sencillas construcciones caseras con sábanas, cajas o sillas, y que son el fiel ejemplo de que la imaginación es la mejor herramienta para que las familias disfruten unidas.


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