Zanahoria con forma de Playstation

enero 23, 2018 | Publicado por: Antonio Federero

Enero representa para muchos una nueva vida. Aunque este mes no sea más que la continuación del pasado, tanto niños y niñas como padres y madres entienden que el cambio de año es el momento idóneo para renovar energías, fijarse nuevos propósitos y, en definitiva, hacer bien lo que se ha hecho mal o se ha dejado de hacer anteriormente. Las notas, por ejemplo, suelen ser objeto de mejora por parte de todos. Sin embargo, que el suspenso se convierta en aprobado, el suficiente en bien y el notable en sobresaliente no siempre tienen como único motor el afán de superación. Como ese asno que pretende alcanzar la zanahoria que su amo le pone en el hocico con una caña de pescar, lo que hace siempre caminar al animal de forma inconsciente, muchos niños y niñas también avanzan porque al final del camino les esperan un móvil, la nueva Playstation o una bicicleta. Eso, previo pacto con sus progenitores. Es la clásica relación esfuerzo-recompensa, que no por antigua debe ser del todo bien vista ya que, en cierta medida, puede ser culpable de esa "tragedia silenciosa en los hogares" de la que habla el psiquiatra Luis Rojas Marcos: 1 de cada 5 niños tiene problemas de salud mental por gozar de un excesivo sentido de derecho o por merecerlo todo sin ganárselo, así como por tener padres distraídos, permisivos y faltos de disponibilidad emocional, entre otras muchas razones.

"La gran mayoría de las personas puede tener todo lo que quiere, aunque no puedan permitírselo... Vivimos en un mundo de caprichos, creo que sí", afirma tajantemente Carmen González, orientadora del colegio La Salle-La Purísima, donde también ejerce de maestra de audición y lenguaje y de pedagogía terapéutica, coincidiendo en su visión con su colega de orientación en el Colegio de Primaria y Secundaria San José Obrero, Isabel Ruiz: "Algunos padres no conciben que sus hijos sean los únicos que no tengan móvil, pero hay que ver si se lo han merecido o no. Hay muchos niños que no saben lo que es un no, y hay que saber decirlo. No con 13 ó 14 años, sino antes. No hay que tener miedo a que el niño se enfade o sea el único que no tenga algo. Debe aprender a saber lo que es no, a lo que son la intolerancia y la frustración".

Ese "no" del que habla Ruiz es lo que, a modo de eufemismo, explica por su parte Isabel Vidaller. "Vivimos en un mundo en el que a la infancia se le abandona en lo básico: compartir, presencia, estar al lado... y esa culpa se compensa dando cosas. Es un cóctel mortífero para la salud y la felicidad de una sociedad: la sobreprotección basada en el consumo y el abandono", especifica la directora del Colegio de Educación Infantil y Primaria Huerta de Santa Marina, que va desde lo concreto a lo general afirmado que "el síntoma del niño es el síntoma de la sociedad": "Hay que compartir cosas con él y dejar de dar objetos que sustituyen una relación de calidad. El consumo tapa la necesidad de cariño, de presencia y de verdadera relación satisfactoria. Cuando el niño pide es que tiene una necesidad no cubierta". "Ahí tienen mucha culpa los padres", puntualiza González, añadiendo: "En clase se trabaja mucho el esfuerzo-recompensa, pero... ¿y en casa? Muchos padres intentan compensar el poco tiempo que pasan con los hijos, y lo mismo por ahí se explica".

Pero no resulta fácil llevar esto a la práctica. Horarios, quehaceres en el hogar, trabajo... Los mayores no siempre encuentran en el reloj ese rato para estar con sus pequeños que reclaman Vidaller y González, algo que la primera asemeja a una "carrera contraria" y que da lugar a situaciones igual de contradictorias, como la que hizo pública el juez Emilio Calatayud hace poco, calificada como "pérdida de perspectiva" o "barbaridad" por las entrevistadas.

Las tres expertas en educación tienen claro que el exceso de premio no es bueno. Pero... ¿y el no premio? Es decir, el escarmiento o el castigo en caso de que la cosa no haya ido bien. Ruiz aboga por la proporcionalidad. "El refuerzo negativo funciona cuando es proporcional y cuando se puede cumplir. 'Un mes sin salir a la calle' es algo que luego no se cumple y eso el niño lo aprende. Debe saber bien cuáles son las consecuencias, que sean proporcionales y sensatas", dice la orientadora, en la línea con Vidaller: "Hay que educar en responsabilidad, dar confianza y autonomía. Cuando algo no se consigue debe haber una consecuencia, pero yo no lo llamo castigo. A veces es bueno que uno tome conciencia de forma clara para que no lo olvide para la próxima vez".

De la misma manera, padres e hijos deben manejar todas las variantes posibles, y otra de ellas es que el esfuerzo no obtenga la recompensa perseguida. No aprobar una asignatura aun habiendo estudiado o no ganar una carrera aun habiendo entrenado son cosas que pueden pasar, y para ello hay que estar preparado. Al respecto, las consultadas hacen hincapié en el durante más que en el antes o en el después. "El esfuerzo es importante, casi lo que más hay que valorar. Luego hay que ver las estrategias aplicadas para ver qué quiere el niño, pero él debe ver que se está valorando su esfuerzo", son las palabras de Isabel Ruiz, en el mismo tono que las de Isabel Vidaller: "Siempre debe medirse a la persona por su proceso, no por estándares. No se puede medir a todas las personas de la misma manera, sino ver lo que cada uno hace y evaluar esa autosuperación". Carmen González, por último, tira de pragmatismo: "Si no puede jugar bien al fútbol, que se le busque otro deporte. Hay que encontrar alternativas".

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